El secreto de una vida

Me desperté en mi habitación oscura a las cuatro de la madrugada sobresaltada por el miedo que tenía. Finalmente ayer mis padres me presentaron al hombre con el que me casaré dentro de un mes, dios mío, él es un cuarentón de pelo blanco, llevaba un traje blanco muy caro y elegante, por lo visto tiene mucho dinero. En la India es muy común que a las jóvenes como yo de catorce años nos casen, incluso mucho antes por puro interés económico.

Mi madre y yo paseamos por Bombay en busca de un bonito vestido verde con muchos adornos y pedrerías con los colores del arcoíris para lucir en mi boda. Ella estaba empeñada en que fuese de ese color tan llamativo para que destacase con mi color de piel y cabello de color arena mojada, quedaría bonito. Qué lástima, al final no lo encontramos, pero como es tan cabezota quiere hacerlo a mano con ayuda de mi abuela, dice que está segura que así será más bonito y significativo para un día tan importante.

Según pasaban los días, yo me sentía peor, aunque mis padres y hermanos estaban más felices. Yo era la única hija y la primera en casarme, así que hasta que alguno de mis hermanos se casara pasarían años.

Sólo quedaba una semana para la gran boda y tanto mi familia como la de Balu, mi futuro marido, iniciaron unos rituales muy raros, desconocidos para mí, ya que nunca había preguntado sobre el tema ni había estado en ninguna boda. Las mujeres de mi familia me hicieron mil cosas para que según ellas estuviese más guapa, que yo aguanté porque las vi muy ilusionadas, aunque no me gusta nada que me toqueteen la cara y el pelo.

El día de mi boda fue un caos, yo no sabía ni qué hacer, ni qué decir. Las dos familias siguieron con los rituales hasta el final de la boda, fue agotadora, aunque lo peor estaba aún por llegar.

Justo después de acabar toda la fiesta mi marido y yo nos fuimos a su casa, donde viviría durante toda mi vida. Las primeras semanas fueron medianamente bien, era prácticamente su criada más que su esposa pero no me importaba, estaba acostumbrada porque toda mi vida había vivido rodeada de hombres.

Después de un mes y medio, Balu comenzó a ser agresivo cuando había dejado un plato mal lavado o la ropa no quedaba como él quería. A los dos meses de la boda me pegó por primera vez. Sin duda no me lo esperaba. Estaba cocinando su plato preferido para la cena, puse todo mi cariño y esmero, por lo que tardé un poco más y eso fue lo que le enfadó.

Hasta los dieciocho años aguanté sus palizas y humillaciones. Y una noche, tras mucho pensarlo, me escapé. Huí a otra ciudad al norte del país. No se lo dije a nadie, aunque estaba segura que Balu contactaría con mi familia

Allí viví un año hasta que vi que necesitaba dar un cambio total a mi vida. Decidí cambiar de país, me quería ir a España. Así que un día, subí a un autocar en el que pasé horas y horas con un calor espantoso y sin casi poder dormir, pero por fin llegué. Mi destino era Barcelona, esa ciudad que tanto me fascinaba. Deambulé por aquellas bonitas calles alrededor de una semana hasta que me di cuenta de que debía buscarme un trabajo, cosa que me fue difícil por el idioma. Pasados dos años trabajando pude ahorrar algo de dinero dinero y aprender español.

Como en España respetaban tanto al hombre como a la mujer por igual, algo que me impresionó mucho, con el dinero que había ahorrado quise estudiar.

Ahora soy una mujer joven, aunque con unos duros años a mis espaldas, con una carrera universitaria y con una vida digna, absolutamente diferente a la que hubiese tenido si no me hubiera escapado aquella noche de la casa de Balu.

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